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martes, 15 de marzo de 2011

Quemá esas cartas

El folletín Vargas Llosa parece no tener fin. El último episodio lo protagoniza Jorge Coscia en el anuncio del relanzamiento de los Premios Nacionales de Cultura. "Un país puede importar cualquier cosa menos su producción cultural. Esta es la diferencia central que tenemos con Vargas Llosa", dijo Coscia", dice La Nación.
En una ataque de paranoia, fui a buscar una fuente adicional, para no quedarme sólo con la paráfrasis de La Nación, pero no encontré la cita textual en ningún otro lado. Encontré, sin embargo, la cita textual de la primera carta de Horacio González, en la que, según La Nación, "exigía no invitar a Vargas Llosa a la Feria del Libro". Lo que decía González: "Lo invito a que reconsidere esta desafortunada invitación (...)".
Creo desde el comienzo de este incidente que es una verdadera vergüenza que el director de la Biblioteca Nacional macartee a Vargas Llosa por su ideología, para colmo, ante una invitación a un evento más afín al mercado que a cualquier política cultural, como es la Feria del Libro. Que a un funcionario público del área de Cultura le resulte improcedente la invitación a la apertura de la Feria a un escritor latinoamericano, con una obra vasta y célebre, que ganó el último premio Nobel de Literatura y que además es éxito de ventas, es a todas luces, reprobable. Pero para colmo, es una gigantesca muestra de torpeza. Algo esperable de más de un mediático adlátere, pero no de un intelectual que desempeña un cargo público. 
Lo de González fue un error grave, pero es evidente que no exigió nada, mal podría hacerlo. Aquí es donde la argumentación se me empieza a embarrar: donde se cargan las tintas sobre el error grave de González para adjudicarle un acto de censura vinculante. Y ahí siento que tengo que dar una voltereta para adaptarme mejor a la guerra de trincheras. Porque por bochornoso que haya sido el episodio, no hubo ninguna amenaza concreta a la libertad de expresión. De hecho, no sólo Vargas Llosa sino todo el arco del periodismo opositor no ha hecho más que expresarse ardorosamente al respecto.
Lo de Coscia es todavía más grave, porque lo único que puede sumar en un incidente de esta naturaleza es el silencio. Ya debió ocuparse el propio González de enviar una segunda carta de desagravio, desestimando la "invitación" de la primera: "esta discusión no puede dejar la más mínima duda de la vocación de libre expresión de ideas políticas en la Feria del Libro, en las circunstancias que sean y tal como sus autoridades lo hayan definido". 
La insistencia pertinaz en desconocer el error sólo contribuye a darle entidad a la "amenaza a la libertad de expresión", algo que en esta coyuntura, en la que con tanta liviandad se habla de "diktadura", es un botón más de muestra de una política de cuadros que recluta con letanías machaconas sólo a los mismos de siempre, mal que le pese al eslogan 678chero by Baglietto "multiplicar, es la tarea".

lunes, 7 de marzo de 2011

El hambre y las ganas de comer

Juan Terranova escribe en El Guardián sobre el movimiento "contra el acoso verbal callejero" (requetesic: vease buenosaires.ihollaback.org). Allí se ofrece, solícito, y a modo de cierre, a "romperle el argumento a pijazos" a la responsable en Buenos Aires del proyecto, Inti María Tidball-Binz. En el blog El conejo de la suerte está disponible el escaneado de la nota, más una versión retipeada en la que Terranova opta por la sutil paráfrasis: "romperle el culo a pijazos". Con esta joya de la eficacia argumentativa (el dominio de la palabra "pijazo") Terranova logra instalarse como "tema del momento" entre usuarios de Twitter de Argentina gracias a las respuestas escandalizadas de las seguidoras del movimiento que leyeron en la tosca y hueca provocación una "amenaza de violación" (requetesic, otra vez) y que piden no sólo censura de la nota sino el despido de Terranova.

Vamos por partes.

1). El artículo de Terranova es una pieza argumentativa endeble y caprichosa. Pretende ocuparse de los contornos de "Arte y provocación", para lo cual destina un par de párrafos a hacer gárgaras con citas de autoridad, pero pasa rápidamente a lo que parece ser el centro de su diatriba: ensañarse contra algo así como la "corrección política". El comentario despectivo a las declaraciones de Tidball-Binz se base en la cita de autoridad: "Una amiga me dice por chat: “Se sabe. No es lindo que te digan algo, pero si no te lo dicen te sentís fea.” (¡Liiindo exemplum!). Pasa después a pontificar cuáles son los temas relevantes para la militancia de género ("la pelea por el aborto libre y gratuito, la asistencia psicológica y judicial a mujeres golpeadas, la lucha contra la trata de personas") y a apostrofar sobre los medios por los cuales tales luchas deben ser llevadas a cabo ("luchar contra el acoso callejero por medio de blogs suena tan eficiente como intentar frenar un colectivo mandando un mail o a protegerse de la lluvia vía twitter."). ¡Un polemista ambicioso! En un tiro por elevación trata de emparentar este tema con la denuncia ante el INADI registrada hace unos días por el uso de la palabra "negritos" en la plataforma electoral del candidato del PRO a la gobernación de Santa Fé, Miguel del Sel. Lamentablemente, dos errores no hacen un acierto, cuando la conclusión es que se trata de "mecanismos de control paranoico de la lengua [que] nos empobrecen". Parece un tanto fuera de escala pretender encontrar "poesía potencial" en el uso demagógico de "negritos" o en el "piropo" escatológico como el de la boutade efectista a la que recurre como todo epílogo.

2) Como te digo una co', te digo la o'. No hay más remedio que incomodarse ante cierta expresiones de movimientos legítima o bastardamente herederos de los llamados "Estudios de género". Más allá de sus intenciones (dicen que dicen que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones), el movimiento Hollaback! hace más bien poco por la igualdad de género. Semejante reacción a la pirotecnia de Terranova es una cabal demostración de un pensamiento unidimensional, premetafórico y falto de sentido del humor. Y esto de ninguna manera porque lo de Terranova fuera un "chiste", como se dice ahora por ahí. (Flaco favor le hacen al autor, que podría dejarle ese humor al peor Gioia). Más bien porque tomarse en serio ese artículo es darle una entidad que no tiene ni merece, es regalarle la oportunidad de identificarse con el "ingenio", cuando se puede desmontar su argumentación con una dosis mínima de ironía. Tristemente, se elige el camino de la literalidad más salvaje, leyendo una "amenaza de violación" en un happening de gallito de riña. Pero para peor, en lugar de la denuncia, la descalificación o la simple desestimación de semejantes argumentos de pacotilla via un sano ejercicio retórico, deciden salir a pedir la cabeza de Terranova cual Robespierre con pollerita.


Ahora en lugar de discutir el machismo de la bravuconada de Terranova, hay que defenderlo como payador perseguido, paladín de la libertad de expresión. ¡Gracias, chicas, eh! Un gran aporte a la causa femenina. 
A ver si para dar la batalla por el género, empezamos a cuidar un poco más el estilo.

miércoles, 15 de julio de 2009

Malinowski en amarillo y negro

Por razones que no vienen al caso, ayer hice tres viajes en taxi. En el primero, tras cruzarnos con un flaco con una mata de rastas hasta la rodilla (no exagero, lo juro), el tachero arrancó preguntándose por el olor a sucio que debía portar el muchacho, pero entró a derrapar cuando pasó de las cuestiones estilísticas a las "raciales". No lo cito textual para no contaminar el blog.

En el segundo, un Rolando Rivas muy venido a menos (cómo será, nunca fue gran cosa, diría Les Luthiers) tuvo que esquivar a un pibe en bicicleta que hacía dribbling a las chapas. Su reflexión refunfuñante: "No sé para qué buscan tanto a Bin Laden, si acá hay cada terrorista suicida" (Sic-k)

El tercero parecía simpático; arrancó contado generalidades de fantasmas y apariciones en Buenos Aires pero terminó confesando cómo una bruja buena le había destrabado un trabajo de magia negra que le había traído una serie de problemas que, coligo de sus eufemismos, tenían que ver con algún tipo de disfunción erectil.

Estoy considerando seriamente empezar a salir con un mp3 con risas grabadas.

martes, 28 de abril de 2009

Afán y Fé

Breve resúmen de la jornada:
Me levanté a las 5 de la mañana para terminar a tiempo un informe atrasado (oh, el oxímoron) y enviarlo antes de irme a cursar. Mi proveedor de internet, que ya lo dije, me odia, decidió que para enviar el puto mail con el archivo necesitaba ¡27 minutos! Más tiempo del que hubiera necesitado para imprimirlo completo y llevarlo a la oficina en un taxi. ¡Buen comienzo!
Como consecuencia de tal eficiencia técnica llegué tarde a mi clase de la mañana. De esas cuatro horas me gustaría destacar: a) el profesor es francés, habla un español chapurreado y sonríe todo el tiempo con una mueca aterradora de asesino serial; b) todo lo dicho hasta ahora bien podría ser reemplazado por la lectura recreativa de un par de novelas de Eco; c) la burocracia de Filo es sencillamente escalofriante; d) los hermanos latinoamericanos tienen un acceso escandaloso a becas de posgrado; e) citando a mi buena amiga Nina, ¿cómo carajo harán los lingüistas para vivir con tremendo palo metido en el orto? (discúlpome por el exabrupto, pero estuve media mañana renegando con un cristo que pretendía analizar un discurso audiovisual con una especie de análisis sintáctico recargado); f) en el ámbito universitario el acceso a un café medianamente decente debería ser considerado un derecho humano básico.
Después de la clase salí disparada a otro reino peripatético de la burocracia a presentar en quichicientas oficinas sietemil fotocopias por quintuplicado en veintitresmil carpetas con cientomillón de firmas para descubrir que mi certificado de título en trámite no es válido, que mis años (y años y años y años) de experiencia docente ad honorem no me sirven (administrativamente) para un carajo y que como, aparentemente, las fotocopias suelen ser poco "fieles" es fundamental estampar de puño y letra en cada una el aleccionador sintagma: "Es copia fiel del original que obra en mi poder". ¡Diox de diox!
Lo único que me faltaba, en la tantiúltima etapa de las colas, las presentaciones y las émulas de maestras de Gasalla, fue toparme con una vieja de mierda que decidió empezar una nueva fila (sin molestarse en consultar a los 12 pelotudos que estábamos esperando desde una hora antes a 2 metros) y que me porfiaba que tenía que ser atendida primero porque ella estaba esperando "en el lugar correcto". Entendámonos, si me lo hubiera dicho bien no pasaba nada, odio hacer escándalo por una cuestión tan condenadamente pelotuda como una fila, pero se empacó en una posición tan viejademierda gerontocrática que más que dejarla pasar para que continue con su patética existencia más bien me dieron ganas de empujarla por las escaleras. Sobre todo porque osó decir que para que nos atendieran antes que a ella había que pasar sobre su cadáver... Todavía tengo atragantadas las ganas de escupirle: ¡Por lo mucho que falta!
Por mucho menos que esto podría estar refunfuñando toda la semana pero estoy de buen humor desde el viernes porque me reuní por primera vez con un grupo de trabajo o de estudio o de investigación o algo y en ese encuentro se hicieron, con una gratuidad conmovedora, no sólo uno sino dos chistes consecutivos citando a Los Simpson (y una de las citas incluía una onomatopeya). ¡Eso es un inicio auspicioso!

lunes, 20 de abril de 2009

La duda: ¿seré lo suficientemente hereje?

Desde hace varios días viene dando vueltas por los medios la opinión de algunos miembros de la iglesia católica sobre el material para formadores en Educación Sexual Integral que produjo el Ministerio. Tema con el que por razones laborales estoy bastante familiarizada. Lejos de aportar nada nuevo al debate, sólo una pobre diatriba.

No me canso de decir que creo que cada club tiene el derecho de hacerle cumplir las reglas de sus estatutos a sus miembros. Por eso me parece pluscuanperfecto que a los colegios religiosos pueda ocurrírseles que es prioritario enseñarle a los niños y adolescentes la abstinencia, que las relaciones sexuales prematrimoniales son pecado y que si, dios no lo permita, a alguno se le ocurre tener sexo, la consecuencia directa es el infierno. Pero eso sí y sólo sí son capacez de distinguir las reglas de su club de las políticas públicas. Y sí y sólo sí son capaces de distinguir las condiciones para acceder a la "vida eterna" de las condiciones indispensables para mantenerse vivo (¡y sano!) en esta.


A ver si soy clara: la iglesia y sus colegios tienen derecho a decirle a sus fieles o a los hijos de sus fieles que no cojan por que si cojen se van a ir al infierno, siempre y cuando estén a la altura de las circunstancias para decirles también que si eligen hacerlo, pecadores o no, que lo hagan con forro. Por supuesto me doy cuenta de que esperar que algunos sectores estén "a la altura de las circunstancias" es de tan ingenuo, idiota. Pero creo que más allá de lo siniestro de que califiquen la orientación del material de "neomarxista", el problema grave son frases como esta:
“Resulta una especie de religión secular, ajena a la tradición nacional y a los sentimientos cristianos de la mayoría de nuestro pueblo.”

¿Llegará alguna vez el día en el que por fín se asuma que el nuestro es un estado laico y con libertad de culto? ¿Dejaremos alguna vez de sostener los negocios y el financiamiento de la iglesia católica? Porque el problema no es de ninguna manera que la jerarquía católica decida ser reaccionaria con los que aún tienen ganas de portar su carnet, lo que me parece inadmisible, intolerable, es que quieran imponer sus estatutos al resto.

En mi condición de "neomarxista" asumida sólo agregaría qué triste es volver a corroborar que la religión es el opio de los pueblos. Sobre lo de "la mayoría de nuestro pueblo", sólo deja un real camino: la apostasía
.

domingo, 19 de abril de 2009

"...vamos de casa al trabajo y del trabajo al hogar"

Me interesa volver sobre la cuestión laboral para exponer un caso, una teoría y para sobreexponerme estúpidamente, que para eso tengo el blog.
Una amiga a quien quiero mucho me enfrenta regularmente a la necesidad de volver a explicar que cuando se contrata a un trabajador independiente (vulgo en cierto ámbitos harto cooleados: “free lancer”) no se está comprando transitoriamente un esclavo. En general, la discusión tiene lugar cuando yo defiendo, discursivamente al menos, la santidad del fin de semana de los embates invasores de los atropellos laborales. Lo que siempre terminamos discutiendo es por qué el “free lancer” (o para decirlo de manera aún más cooleada, el “freelo” (¡mátenme ahora!) gana comparativamente mejor que quien hace un trabajo equivalente para la misma empresa, pero en relación de dependencia. Hay ante todo una primera salvedad: el “freelo” gana en esa empresa (y virtualmente en todo el rubro) comparativamente mejor que cualquiera porque son unos endemoniados chupasangres. (Por qué gente que considero brillante y valiosa está tan bien predispuesta a la explotación, me sigue resultando un misterio insondable). Ahora, dejando de lado este elemento circunstancial, va la verdad revelada: ya lo dijo Carlitos dos siglos atrás, ¡para asegurar la reproducción de la fuerza de trabajo que garantiza la continuidad de la extracción de plusvalía! ¡Es el capitalismo, estúpido!
Conchabar un trabajador independiente exonera a cualquier empresa de pagar reivindicaciones históricas del movimiento obrero como aportes jubilatorios, cobertura médica, aguinaldo y vacaciones pagas, por no mencionar ese temita del sueldo o jornal estable mensual. Que puedan contratarme para trabajar cuando les plazca y sólo si les place vuelve necesario que el emolumento diste de ser el mínimo (aunque siga estando, perdonen que insista, lejos de ser alto) porque A) tienen que convencerme, ahora, por esta vez y sólo por esta vez, de que acepte su oferta; y, no menos importante, B) tienen que garantizar que no me muera de hambre entre ahora, por esta vez y sólo esta vez y la siguiente, que puede ser dentro de un mes, o dos, o seis, o nunca jamás.
Contratar un trabajador independiente, entonces, de ninguna manera acarrea derecho a suponer que está contemplado el trabajo los fines de semana. Si el trabajador independiente, “free as a bird lance”, DECIDE trabajar el fin de semana será por su propia conveniencia; la vuestra (vil representante de la burguesía explotadora, ergo empresa y, lo digo con dolor, tus cándidos cipayos) al contratarlo está clarísima en el ahorro pecuniario que acarrea, su nombre lo indica, su “no dependencia”. Publíquese y archívese.

martes, 14 de abril de 2009

"No me preguntes, sólo soy una chica"

Como toda vez que arranco para este lado, aclaro... Lejos de mí instalarme como defensora de los estudios de género (o de número, cuac), pero... Esta semana el temita este de los estereotipos de género anduvo dando vueltas por los medios por dos cuestiones dos: por un lado, un siniestro videojuego japonés en el que el objetivo es lograr que el protagonista logre el mayor número posible de violaciones; por otro, la denuncia de tres diputadas contra un juego, parte de la campaña de Axe Instinct, en el que un cavernícola suma puntos pegándole garrotazos en la cabeza a unas muchachas. Debo confesar, de entrada, a qué viene este post: mientras que el primero me parece obviamente repugnante, el segundo no sólo no me inquieta, casi me resulta simpático. Y me interesa explorar dónde está el límite.

De entrada, vale aclararlo, no vi ninguno de los dos juegos por lo que mal podría opinar, pero por los brevísimos fragmentos que logré ver en TV me parece que hay un elemento fundamental que diferencia los efectos de sentido de los dos juegos: el de Axe no tiene la menor pretención de realismo. Desprendido de la última campaña, en la que un cavernícola descubre, Geiser mediante, el cuero, el gel y el motociclismo (!) y causa sensación entre las chicas de las cavernas vecinas, el juego de Axe completa la serie sobre la que el desodorante insiste desde hace años: la fragancia que vuelve a los hombres irresistibles. Además del trabajo temático sobre las figuras cristalizadas del langa y del hombre de las cavernas, el comercial alimenta la distancia con una cuestión de lenguaje: los personajes son caricaturescas figuras animadas (a primera vista parecen muñequitos de plastilina de stop motion, aunque probablemente sean completamente digitales). Se podrá objetar que proponerle al consumidor de Axe que sume puntos a garrotazos con una versión digital de un juego de kermesse es un poco tonto, pero de ahí a pensar que eso de alguna manera incita la violencia contra la mujer hay un largo trecho.

Tengo la sensación de que muchas veces estas defensas "de género" terminan ubicando a las mujeres en un lugar bastante incómodo: ya no de genuino rechazo de un lugar postergado sino más bien de afectación. (Un gesto perfectamente en serie con el histórico estereotipo de la "histérica", fecunda herramienta de estigmatización).

Vale aclarar que como consecuencia de mi gran escape del sábado terminé viendo Monsters vs. Aliens, un nuevo emergente del estereotipo mujeril "triunfador": Susan (a.k.a. Gnormica) salva a la Tierra, a sus amigos monstruos y se saca de encima un novio pelotudo, pero siempre con ropa entallada y largas piernas largas dignas de "Attack of the 50 foot woman". Hasta la victoria termina siendo agridulce.

martes, 17 de marzo de 2009

Pelotudos unidos, jamás serán vencidos

Desde hace tiempo vengo desarrollando una alta fobia a FaceBook, me parece un cóctel concentrado de todo lo malo, lo berreta y lo idiota de la sociedad contemporánea. Al principio la indignación me obligaba a arrancar con largas parrafadas de desprestigio cada vez que algún mortal de mi círculo íntimo osaba mencionar el uso de ese engendro (y créanme, todavía me asusta que tantos se haya entusiasmado con eso). Con el tiempo aprendí a evitar las miradas de entre odio y desprecio que me ganaba con la prédica y reduje la expresión de indignación a un suave desdén. Hasta ahora. Acabo de ver en la tele que más de 80.000 personas "adhieren" en FB a la marcha de mañana. I raise my case.

viernes, 13 de marzo de 2009

Una de cal...

Acabo de ver en el subte a un flaco que portaba un llavero del Principito con el cordero. ¡Eso es entender todo! Me alegró la tarde.

jueves, 12 de marzo de 2009

Catarsis impaciente y desprolija

El país está patas para arriba (¡feliz cumpleaños!). En el aniversario del "voto no positivo", en los albores de la conformación de un frente derechoso cool (guarda, que a lo mejor es lo que nos hace falta para resolver el tradicional "empate" de Portantiero, pero leído a través de un filósofo más de estos tiempos, digamos un Alejandro Rozitchnner), a mí me sorprende otra cosa. Hace unas semanas Susana Gimenez se fue de boca y arrancó en los medios un debate sostenido (como pocas veces antes, más allá de la mediocridad de las posiciones) sobre la "inseguridad", los pedidos de mano dura y, en el extremo, la pena de muerte. Más allá de las opiniones, más allá del asunto en sí, lo que me llama la atención es justamente el modo en que se viene desarrollando la cobertura mediática; cómo temas de "interés nacional" se debaten en los ratos libres que dejan los enigmáticos de una foto de un famoso lamiéndole un cachete del culo a una señorita voluptuosa y turgente. Está claro que el tema (y más que el tema, el conflicto alrededor del tema, y más que el conflicto, ciertas aristas conventilleras del tema) prendió en la agenda mediática y sobre todo en la agenda televisiva, pero de la forma más extraña. Intrusos y Los profesionales parecen ser el foro y a la vez la principal caja de resonancia de las declaraciones. No es gratuito que, de pronto, Susana y Marcelo (ay, la familiaridad de Doña Rosa en el nombre de pila) tengan tantas ganas de hablar sobre el tema. No es inocente el modo en que la TV está amplificando un discurso que es tan insustancial, tan vacío de contenido.
No puedo dejar de leer en la programación de Villaruel cierto despegue, apurando y apostillando "Pena de muerte" a La vida de David Gale en la noche de Telefé, sacada de la galera. Pero al mismo tiempo, noto ahí un defasaje que encuentro también en otro paradigma de cierto discurso progesista como es, en ciertos temas, Página/12 (y por favor, agradecería me ahorren el necesario hilar fino sobre Página y sus oscuros intereses corporativos, porque lo que interesa acá es que vende verosímil progresista y eso es bastante difícil de discutir, más allá de sus acentuaciones más o menos oficialistas). Hoy Página publica a propósito del tema un artículo de Eduardo Grüner. Yo apenas lo entiendo (que es una forma un tanto culposa de decir que no lo entiendo). A ver si tomamos conciencia de este detalle: soy egresada de la sacrosanta Universidad de Buenos Aires con una licenciatura en el campo de las Ciencias Sociales y no entiendo la posición que se supone intenta competir con el discurso de "Susana" y "Marcelo". Esto no es gratuito. Y tampoco es inocente. Martínez Estrada, Kant, Hobbes, Freud, Marx, Hegel, Badiou, Victor Hugo, Conrad, todo tipo de vocabulario técnico y pseudotécnico, neologismos atractivos (divertidos, incluso) para la academia, que no alcanzan para decir nada (nada) que se puede comprender con la claridad, la contundencia, del nefasto sintagma del "Susana" o el tono entre crispado y angustiado de la enunciación de "Marcelo".
Mientras la dirigencia del campo, en este preciso momento, pretende chicanear con el "triste espectáculo" de una vaca muriendo de sed, en un país donde miles de chicos se mueren de desnutrición, los medios eligieron sus portavoces. Es indignante, es preocupante, pero sobre todo es triste, que no haya una sola voz que pueda, con claridad y coherencia, hacerle frente a esta prédica de "la letra con culos, entra".

lunes, 9 de marzo de 2009

¡Feliz, feliz no día de la mujer! ¿A mí? ¡A tú!

Es increíble cómo una fecha que reconoce a la mujer como parte del movimiento obrero y sus reivindicaciones puede ser resignificada de manera tan absurda por la sociedad de consumo. (Sabrán disculpar una vez más mi pertinaz estupidez para reconocer las victorias ideológicas del capitalismo). Hay, por supuesto, mil quinientos artículos, post, mails y presentaciones de powerpoint con saluditos alusivos. Y hay, por supuesto, quichicientos mil artículos, post, mails y presentaciones de powerpoint indignados que hacen hincapié en diversas acentuaciones del patético Boca-River de Feminismo/ Machismo.

A mí, simplemente, me gustaría destacar una feliz idea del programa de Ari Paluch (adalid de la libertad de expresión y la igualdad de género), que propone celebrar el "Día de la Mujer" con el simpático concurso: "¿Qué es más difícil para una mujer?", en el que los oyentes deben votar entre tres jocosas opciones, a saber:
-"Entender la ley del offside"
-"Cocinar como la suegra"
-"Hacerle el favor al marido sin la excusa de que le duele la cabeza".

Si bien la lista de opciones es en sí bastante pelotuda, me gustaría quedarme con la última, porque de manera especialmente efectiva, económica, condensa la perspectiva ya no machista, sino profundamente idiota.

Vamos por partes. Arranquemos por el eufemismo "Hacerle el favor". Ante todo, una elección paradigmática triste y pusilánime, digna de una tía abuela pacata y añosa. No comprendo si la fórmula está llamada a despertar agún tipo de hilaridad o si es simple mojigatería. Pero peor aún, ya no hay dos adultos consintientes que "hacen el amor" o tienen sexo, o simplemente cogen o "se acuestan", sino que en una imagen lamentable (y apolillada) ella acepta "de favor" ceder al deseo sexual de su pareja. Que, por otro lado, sólo puede ser el "marido"; porque, curioso silogismo, ser mujer es sinónimo automático de "esposa". Ahora entendemos bien el panorama: la señora esposa que de tanto en tanto (y sólo de tanto en tanto) acepta de favor "hacer la porquería" (vamos, empujándolos un cachito así, a lo mejor lo decían... Y me los imagino como Jorge Luz con el vestido de la Porota). Por eso la aparente importancia de la excusa: "Me duele la cabeza".

A mí me duele la cabeza de pensar que todavía se insista con el estúpido estereotipo de que la mujer no tiene ganas y que no sólo no las tiene sino que, ¡qué vergüenza!, además necesita esconderlo con una excusa tan prosaica.

De todas formas, lo que más me indigna (claro, ¿me iba a privar?) no es el abordaje, insisto, ya no machista sino más bien pelotudo, del conductor y sus secuases. Lo que me violenta son las pelotudas de las oyentes que llaman convalidando la ocurrencia. Después recuerdo que en Argentina no se puede tomar un analgésico para dolores menstruales sin que nos anuncien que, como todo, lo hacemos para no hacer sentir mal a los tipos y me convenzo de que de nada vale mi berrinche. Más vale canturrear con voz finita y dulce, brindar con New Age o alguna de esas porquerías y corear ¡Feliz día, chicas!

lunes, 15 de diciembre de 2008

¿Cafetín de Buenos Aires?

Aunque suelo preferir los trabajos "de escritorio" (sobre todo si es el mío, en casita) motivos laborales me llevaron por los cien barrios porteños. Gracias a eso, tengo LA imagen mental para la postal navideña de la decadencia de la sociedad (diría de la civilización, pero estoy ensayando ser un pelín menos rimbombante): una madre y sus dos polluelos, obesos los tres, zampándose unos frappucinos coronados con copetones de crema en Starbucks. Era un cuadro de Botero intervenido por el pop.

No quiero ser prejuiciosa, pero como soy, ejerzo: había tantas cosas mal en esa escena. Quiero aclarar, ante todo, que estoy muy (muy) lejos de la dictadura de la silueta (soy mucho más Rubens que Modigliani, valga el ejemplo). No estoy hablando de gente con sobrepeso, "con unos kilitos de más", "rellenita", "de huesos grandes", "grandota" (dios de dios de dios, ésta última me da urticaria de sólo escribirla). Estoy hablando de obesidad lisa y llana, como término médico.

Me asusta comprobar que de alguna manera he heredado esa mirada aprehensiva de madre. Madre (y gran parte de la familia materna salvo, claro está, la nona) es lo que se conoce como un "alfeñique de 45 kilos", pero con toda la fuerza de la literalidad (en épocas terribles ha llegado a pesar menos). En los últimos años su natural tendencia a la delgadez está exacerbada por una especie de trastorno en la conducta alimentaria del que es poco consciente que no sólo se expresa en forma de una obsesiva ortorexia sino particularmente por el rechazo casi fóbico a cualquier forma de exceso de peso no sólo propio sino ajeno. Una persona con sobrepeso, no digamos ya alguien obeso, le genera una extraña mezcla de impresión, lástima, terror, rechazo. Madre ama pensarse como gacela (de hecho, es habitual que en la comparación con gente más "pesada" diga: "si x cosa me cuesta a mí, que soy una gacela..."). A mí me perdona la vida porque soy la niña de sus ojos, claro está, y hace la vista gorda (o flaca, para el caso) pero le cuesta, sobre todo porque metafóricamente somos mamíferos del mismo orden pero de especies diferentes. El sema "grácil" difícilmente es común en nuestros respectivos universos...

Dicho esto, vuelvo al prejuicio... Por un lado tenemos la ya mentada cuestión sobre la mera existencia de Starbucks en Buenos Aires. Volviendo sobre el temita ese de los "consumos", cuando todo era sólo una especulación, a mi me parecía divertida la idea de jugar a estar en una sit-com. Todo el fenómeno posterior, las cuadras de cola, el fetichismo alrededor de un vaso descartable, el costo astronómico y ridículo por un producto que no sólo no es extraño en la ciudad sino que se ofrece, a cualquier precio y calidad, en cada esquina, me convenció de que hay algo perverso y obceno en la propuesta.

Pero no fue hasta hoy que entendí hasta qué punto me incomoda. Porque hoy vi no la inocente tilinguería habitual, sino una familia enferma gastando más de $50 pesos de su presupuesto en tapar sus arterias. Y no hay nada divertido en eso.

martes, 9 de diciembre de 2008

Kant y el ornitorrinco

"Tengo la extraña sensación de haber vivido dos vidas. La que está escrita en los cuadernos y la que está fija en mis recuerdos. Son figuras, escenas, fragmentos de diálogos, restos muertos que renacen cada vez. Nunca coinciden o coinciden en acontecimientos mínimos que se disuelven en la maraña de los días".
Ricardo Piglia, Prisión perpetua

"Todo lo que antes vivía, directamente vivía
Se aleja, se aleja en una representación"
Pablo Dacal y la Orquesta de Salón, "El mundo del espectáculo"




Me gusta pensar que soy más rara de lo que soy y me duele pensar que soy más rara de lo que soy. Hay un extraño marketing de segmento, con un segmento cada vez más amplio y difuso y confuso para cierto grupejo de jóvenes argentinas contemporáneas, sobre todo las no tan jóvenes y las no tan contemporáneas. En la gran fábrica de novedades dentro y fuera de la industria cultural se habló de los coolhunters, incluso de los uncoolhunters, se habló de moda, de estilo y de Walter Benjamin (juas) y de todo el espectro de consumos que te hacen ser, estar, parecer, semejar (y otros verbos copulativos).
Hace un tiempo me preocupaba porque no podía ubicarme como target de más de una campaña de productos de consumo masivo; ahora me doy cuenta de que detrás de mi satisfacción porque las empresas no saben cómo hablarme para venderme desodorante o yogurt se esconde el terror que me despierta saberme tan predispuesta para comprar todo tipo de gangas en lo que a consumos culturales se refiere.
Me da culpa darme cuenta de que soy una compradora compulsiva de moda, de estilo, de pose y de antipose (decía mi sabia amiga D.). Y de la peor clase, de la que cree que sus modas y estilos y poses y antiposes no son moda, ni estilo, ni pose, ni antipose. De la que llega tarde a los fenómenos de gueto, a ser admiradora de la segunda hora, fagocitadora de citas, paratextos y críticas. Pero sobre todo, de la que no advierte que su rareza prefabricada se vende en tetrabrick y por docena.
Pero, ojo, no me lamento, no me quejo. Al contrario. Vivo en una época que te regala (o te vende) la posibilidad de ser tan raro, tan especial o tan extravagantemente "común" como te de la gana. Empiezo a pensar que lo único que vale verdaderamente la pena es aprender a disfrutar de cada "compra", hecha de gastos o gestos. Siempre logro indignar a Nina sentenciando que "está tan mal comprar algo que te gusta porque todos los usan como no comprar algo que te gusta porque todos los usan". Estoy cada vez más convencida de eso. Y eso no significa renunciar a amores y odios, a la fascinación y al asco. Todo lo contrario, es aceptar, por fin, el vía libre para los juicios de gusto.

A mí, por ejemplo, me gusta coleccionar citas y marco libros con los que formo un deforme I-Ching personal. ¿Y qué?

domingo, 7 de diciembre de 2008

La señora de los anillos

Por un revival nostalgioso que no termino de comprender están volviendo a pasar los capítulos de Friends. Por un revival nostalgioso que no termino de comprender, estoy volviendo a verlos.

Primera reflexión: ¡cuánta inocencia! Hoy hay más picaresca en Hanna Montana (que por otro lado me divierte mucho, especialmente las primeras temporadas, cuando Miley era aún una nena y no una aspirante a estrellita cachetona).

Segunda reflexión: (viene concatenada con el excursus) eso que venía pasando con el género sitcom, un lento ocaso después del esplendor de los '90, parece haberse revertido, al menos en parte. No lo digo por las comedias para adultos (aunque Two and a half men tiene momentos fantabulósicos y aunque he aprendido a querer a The Big Bang Theory) sino por las series para preadolescentes. Me parece que hay en Hanna Montana, en Hechiceros de Waverly Place, en i-Carli (Miranda Crosgrove es genial), con mayor o menor éxito, algo de esa estructura repetitiva de "que todo cambie para que nada cambie", de profunda celebración de la vida cotidiana.


Tercera reflexión: es notable cómo un gran éxito televisivo parece negar por completo la posibilidad de vida después de su final. ¿David Schwimmer vive? Julia Louis Dreyfus debe tener el record de sobrevida al éxito televisivo (aunque su comedia sea aburrida como pocas).

Dicho todo esto, la reflexión (off topic) que motivó el post: esta semana vi el capítulo en que Chandler le propone casamiento a Mónica. En la escena en la que está comprando el anillo (una joya vintage de los años '20, la misma época que el anillo del fallido compromiso de Lorelay Gilmore con Max (sí, soy una freak total, pero me pregunto, ¿por qué el glamour de los años locos para estas comedias?) el vendedor lo tasa: US$ 8.600. Y me quedé pensando... ¿Qué es lo que hace que esa ¿tradición? sea verosímil? ¿Por qué se construye el estereotipo del compromiso sobre una joya que es para la novia? Porque, ojo, de Tolkien para acá hasta puedo entender (no sin dificultad) el concepto de las alianzas, pero ¿cuál es la justificación del cintillo (atenti a mi manejo de vocabulario: una vez tuve una amiga que se casó, no una sino dos veces, con vestido merengue y rosas rococó rosadas)?

Es posible que mi problema sea una predisposición al pragmatismo legada por mi madre. ¿Vieron que hay familias (en la ficción y en la realidad) que atesoran una joya que pasa de generación en generación como símbolo imperecedero del amor y la constitución de la familia nuclear católica apostólica romana? Bueno, en mi hogar esa preciada joya es reemplazada por el relato del orgullo con el que mi señora madre vendió las dos alianzas (que ninguno de mis progenitores usaba ni usa, by the way) en un momento de estrechez económica.

Hay muchos símbolos de pasaje: las mujeres del pueblito de mis viejos al casarse dejaban de usar el pelo suelto y a partir de cierta edad pasaban a llevar la cabeza cubierta con un pañuelo (mi bisabuela, por ejemplo, a la que llamábamos con notable creatividad "Nona viejita", usó el mismo pañuelo negro los últimos 30 años de su vida); en el otro extremo del mundo, en la tradición japonesa sólo las jóvenes solteras podían usar kimonos de mangas largas. Lo que no termino de comprender es que se sostenga, al día de hoy, un símbolo tan retrógrado de estar "comprometida". ¿Por qué resulta ¿simpática? esa carrera por la piedra más grande, más brillante, más pulida? Y sobre todo, ¿por qué muchas mujeres siguen pensando que es un símbolo de estatus tener el dedo anular más adornado?

viernes, 28 de noviembre de 2008

Equilibrio

Tengo un compañero de trabajo que responde tan acabadamente al estereotipo de locamala que me obliga a asumir casi involuntariamente el estereotipo de mataputo como para compensar. Lo odio por eso.




PD. Por favor, absténganse de explicarme con argumentos políticamente correctos que, como diría Seinfeld, "no hay nada de malo con eso". Mi fastidio es retórico, no homofóbico.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Ta lento pa' entender...

Recien nomás, leyendo Crítica (voy por la tira del Niño Rodríguez y me quedo para indignarme), me descubrí compartiendo un argumento con cierto brillante articulista doctorado en la universidad de Wildstone (ironía, ironía). Tengo miedo, mucho. En mi defensa, yo se lo dije ayer sin mayor elaboración a mi hermano en el living de casa después de la cena, no en una contratapa en un medio masivo (bueh, más o menos). Ojo, su artículo, fiel a su estilo, sigue siendo absolutamente endeble porque no hay nada más aburrido que seguir leyendo a gente indignarse por el reality show y la "telecultura" y otras sanatas de la misma índole (decir que el reality show es el género televisivo hegemónico es, como siempre, una errónea afirmación temeraria que sólo muestra que de televisión opina sólo quien es lo suficientemente probo por no mirar televisión). Y si coincido (ajjjj) en la idea de que la puesta de Talento argentino es un oxímoron, se me ocurre que el problema es pensar que la tele debería ocuparse de definir qué cosa es el talento, toda vez que el señor que se queja es un prestigioso académico gracias a una única ¿idea? del "aguante" o algo parecido inventada, y refritada desde entonces, hace como 10 años.
No hace falta ser un experto para saber que de concursos "de talento" (o de variedades) está hecha la historia de la televisión, desde Odol pregunta hasta Venga a bailar o Si lo sabe cante. Desde Tiempo de Siembra hasta Feliz Domingo. Desde Justa del saber hasta Finalísima. Y que el problema, lejos de ser una expresión de "la cultura global contemporánea", quizá hable sólo un poco de la naturaleza humana. Quizá haya un gesto provocador en el título del programa, una, ahora sí, cuidada ironía (que asumo no viene de la puesta argentina sino como un eco de la americana, construída claramente desde el ridículo, donde el juez principal es David Hasselhoff, él mismo una figura clase B, de Baywatch y El Auto fantástico). O quizá sea sólo un conmovedor gesto demagógico. Quién sabe. Es más, ¿a quién le importa?
A mí se me ocurre que en su cuidadoso racconto despreciativo (y despreciable) tampoco hay talento y toda vez que se pretende jurado acreditado eso es imperdonable.

domingo, 19 de octubre de 2008

¡Oh, qué contrariedad!

Me voy por 48hs. y el rancho se me llena de bichos. ¡Eso me pasa por no cerrar bien el mosquitero!
Un par de completos extraños premetafóricos (preclaras mentes de la última escoria del universo semántico) no puede contener la compulsión de comentar en mi blog de boluda anónima sin tener la mínima dignidad de inventarse un nombre propio ingenioso. ¡Qué dilema! ¿Debo cerrar este espacio para cederlo a una pluma notable o, en su defecto, a algún performer dadaísta? ¿O debo nefregarme por completo de tamaña muestra de mala leche y pereza mental? ¡Uh, no me decido! (Aclaración para los Hijos de un "notable" celebrado por sus remanidas ideas y mediocre pluma: "IRONÍA, IRONÍA").

Ahora lo importante:

Cinzcéu, Poligrilla: Leerlos, y saber que me leen, me alegra el día, siempre.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Las palabras y las cosas

Este artículo de hoy en Página/12 se pregunta por qué causa gracia Bombita Rodríguez con una serie de reflexiones profundas, taaaan profundas que se hunde con el peso de su propia grandilocuencia. Yo me pregunto... ¿Cómo tomar en serio lo que sigue?:
"Bombita habla de la clase obrera, habla de la liberación nacional, habla de los explotadores y los explotados, habla de los burgueses y los proletarios, habla de la cultura popular, de la educación de las masas, del socialismo. Evidentemente esto nos hace reír. ¿Por qué en la década del ’70 estas cosas no hacían reír? No sólo no hacían reír. Hubo gente que tomó tan en serio todo esto, que llegó a vivir sólo para estas ideas, llegó a soportar torturas, llegó hasta a dar la vida (su propia vida... la única que tenían) ¿Cómo pasó?".
La apelación al golpe bajo es tan canalla que casi deja de provocar risa, lo que produce es más bien asco. Porque en términos argumentativos no podría ser más fácil desmontar el lúcido juicio: ¡Nadie se ríe de la liberación nacional, de los proletarios, de la educación de masas ni del socialismo!
Después de tan sólida hipótesis, lo que sigue es una exposición "sociológica", digna de un estudiante secundario (con pocas luces), que explica la caída de los grandes relatos en el "posmodernismo". Lo más interesante es leerlo tropezar con las grandes palabras con las que juega (las relaciones "opacas", las "certidumbres socavadas", la "aciaga derrota", la atractiva (y ociosa) acumulación de "certeza" y "certidumbre"). Finalmente, su conclusión se desarrolla en torno a la idea de que el efecto humorístico (ojalá lo dijera en estos términos) se produce por la articulación entre el anacronismo y la explicitación de la propia ideología (en una época en la que lo común sería ocultarla).
El problema, se me ocurre, es pretender responder sobre un efecto en reconocimiento sin tener una hipótesis clara en producción. Viale jamás intenta el más mínimo esbozo descriptivo de los sketches de Bombita Rodríguez dentro de Peter Capusoto y sus videos. No le preocupa su inserción de género, ni el estilo propio de Capusoto y de cierto estilo de época (¡el "posmodernismo"!) que rescata operaciones de cita, de parodia, de ironía, de humor más o menos absurdo, para construir la comicidad. Lo que vuelve ridícula su exposición es que procede todo el tiempo como si Bombita existiera, como si fuera un militante peronista recortado de su escena originaria y traído al presente por alguna máquina del tiempo. Descuidando en un mismo movimiento dos cuestiones fundamentales que, en cambio, jamás descuida el programa: por un lado, el juego hiperbólico y caricaturesco (jamás "realista"); y, por otro, que todas las escenas que se "conservan" de Bombita están, de alguna manera, mediatizadas (se trata de un documental, del trailer de alguna de sus películas, de un videoclip de sus temas de éxito), que garantizan la "distancia" sobre lo que muestran.
La cuestión de la temporalidad a la que alude, con el uso impropio del concepto de "anacronismo" (cabe aclarar, para cualquier distraído, que Bombita no es "anacrónico", como aquel "Enrique, el antiguo" en blanco y negro, que componía Francella), tendría más que ver, ya que gusta de la cita de autoridad, con la famosa fórmula que se atribuye Woody Allen, esa que postula que "Humor=Tragedia+Tiempo". E incluso esto con reservas, porque sigue quedando afuera un campo amplio de efectos de sentido ligado a un rasgo de configuración fundamental, contenido en la aposición "el Palito Ortega montonero".
Lo que nos hace reír no es Bombita, es "Bombita Rodríguez, el Palito Ortega montonero" como uno más de los "videos" de Peter Capusoto. La risa está en el gesto, en la mirada, y no en el personaje y, menos aún, en la "persona" (es ridículo hasta tener que explicitarlo, como si la construcción de Bombita fuera realista y la risa se disparara por su selección temática anquilosada de un pasado feliz y perfecto en el que "teníamos" conciencia de clase...).

Actualización: Ya nadie va a leer esto, lo sé, pero por las dudas aclaro. Acabo de darme cuenta de que por un fenómeno que no logro explicar este post es el primer resultado en Google cuando se busca el nombre del autor del artículo que agresivamente reseño, incluso antes que el propio artículo. La verdad, no corresponde... Imagino que llevará tiempo que salga del caché, pero con suerte ya nadie tendrá que leer mis exabrutptos como primera opción de nada.

jueves, 2 de octubre de 2008

MI inconsciente 1/ La Señora 0

Después de largo tiempo de impertérritas dudas y cavilaciones, hoy me decidí a salir de casa en plan de levante descarado para asistir a un evento de un pseudo Marco. Cuando llego al lugar indicado (con inusitada producción, incluso), descubro que el susodicho evento fue ayer. Siempre, pero siempre, estoy en el lugar incorrecto en el momento equivocado. Ya ni me sorprendo.
Para evitar el impulso suicida en el subte de vuelta, aproveché que estaba en la calle Corrientes para ir a tomarme un reconfortante café especiado en El gato negro. Allí, mientras tejía nuevas estrategias vitales destinadas indudablemente al fracaso, presencié la llegada de Fernando Peña que luego de tomarse un ¡kirsch!, procedió a comprarse medio local en especias, hierbas, tés y cafés.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Yo sólo quiero ser del jetset

No quiero dejar de mencionar que esta tarde, mientras me hacía de unos libracos con el dinero-falso bienhabido en el transcurso de largas horas de edición del proyecto zombie que se niega a morir del todo (pero para el que ahora hay una bonita lápida editorial), pude presenciar la presentación del libro de Carmen Barbieri. Además de la edición número mil del "falso encuentro con famoso", qué buena manera de recuperar la perpectiva.

Dejo de regalo parte de mi botín del día:

Era una vez una Cucaracha llamada Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha llamada Franz Kafka que soñaba que era un escritor que escribía acerca de un empleado llamado Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha.
(Augusto Monterroso, La Cucaracha soñadora)

Con su correspondiente apoyatura visual: